Van Manen y mi click teórico-práctico:
hacia la comprensión del propósito pedagógico.
La articulación entre el objetivo
de aprendizaje y el propósito pedagógico es una invitación a priorizar aquello
que hay tras nuestras necesidades básicas y más allá de las necesidades humanas
que solo motivarán el hacer del docente, en la medida que sea capaz de conectar
la emoción del sujeto que aprende, para iniciar juntos un proceso de
autotransformación de “habitus” (lo que trae desde su infancia) y el momento
como el real acto didáctico, que hace sentido a las personas porque se valora
el tiempo presente.
La legitimidad está dada por la
transformación del sujeto que enseña y el modo como aborda la experiencia
pedagógica, que es el acto didáctico en el presente certero y las respuestas a
la necesidad, del sujeto que aprende.
Entendamos que la conducción del
sujeto que enseña es un tutorial que requiere captar en un diagnóstico, la
necesidad del sujeto que aprende; para que el manejo de la problemática
resuelva la necesidad real y no solo sea creada pretenciosamente por el sujeto
que enseña. Este proceso requiere y precisa de la identificación de saberes y
de la experticia del tacto pedagógico certero en el momento que ocurre.
Cuando los sujetos que aprenden
comienzan a hacer consciente esa necesidad, estamos en presencia de los
orígenes de una comunidad de aprendizaje, donde los sujetos convocados se
identifican con la necesidad establecida como posible de desproblematizar y ese
momento es el instante que desencadena el debate, cuyo foro sistematizará los
saberes para trabajar con aceptación y en razón de las limitaciones, libertades,
contextos y prácticas. Interpretar la necesidad básica no es suficiente, porque
hay que profundizar más allá de su simple cobertura, pues la meta a lograr es
la posibilidad de aspirar y de generar (lo que debería ser un deber) en la
propia comunidad de aprendizaje, esa proactividad para “ser”; o bien, estimular
y perseverar en la conexión, para generar esa aspiración del “llegar a ser”.
En ese sentido, al retomar la
pregunta ¿Enseñar es improvisar?, la panorámica se aclara significativamente
porque la enseñanza corresponde a la mutua influencia de crecimiento personal
entre sujetos que coinciden en un momento dado y cuya entrega provoca la autotransformación
recíproca. El guion para lograr esa legitimización no existe; al contrario, se
genera desde la experiencia entendida como dominio técnico y oportuno tacto,
que solo existe en un presente certero y propio, que guía la acción simultánea,
en que muchas veces la intención es inconsciente, pero que logra el momento
didáctico sin haberlo preparado. Eso es improvisación.
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