lunes, 2 de mayo de 2016

MAX VAN MANEN 3



Van Manen y mi click teórico-práctico: hacia la comprensión del propósito pedagógico.

La articulación entre el objetivo de aprendizaje y el propósito pedagógico es una invitación a priorizar aquello que hay tras nuestras necesidades básicas y más allá de las necesidades humanas que solo motivarán el hacer del docente, en la medida que sea capaz de conectar la emoción del sujeto que aprende, para iniciar juntos un proceso de autotransformación de “habitus” (lo que trae desde su infancia) y el momento como el real acto didáctico, que hace sentido a las personas porque se valora el tiempo presente.
La legitimidad está dada por la transformación del sujeto que enseña y el modo como aborda la experiencia pedagógica, que es el acto didáctico en el presente certero y las respuestas a la necesidad, del sujeto que aprende.
Entendamos que la conducción del sujeto que enseña es un tutorial que requiere captar en un diagnóstico, la necesidad del sujeto que aprende; para que el manejo de la problemática resuelva la necesidad real y no solo sea creada pretenciosamente por el sujeto que enseña. Este proceso requiere y precisa de la identificación de saberes y de la experticia del tacto pedagógico certero en el momento que ocurre.
Cuando los sujetos que aprenden comienzan a hacer consciente esa necesidad, estamos en presencia de los orígenes de una comunidad de aprendizaje, donde los sujetos convocados se identifican con la necesidad establecida como posible de desproblematizar y ese momento es el instante que desencadena el debate, cuyo foro sistematizará los saberes para trabajar con aceptación y en razón de las limitaciones, libertades, contextos y prácticas. Interpretar la necesidad básica no es suficiente, porque hay que profundizar más allá de su simple cobertura, pues la meta a lograr es la posibilidad de aspirar y de generar (lo que debería ser un deber) en la propia comunidad de aprendizaje, esa proactividad para “ser”; o bien, estimular y perseverar en la conexión, para generar esa aspiración del “llegar a ser”.
En ese sentido, al retomar la pregunta ¿Enseñar es improvisar?, la panorámica se aclara significativamente porque la enseñanza corresponde a la mutua influencia de crecimiento personal entre sujetos que coinciden en un momento dado y cuya entrega provoca la autotransformación recíproca. El guion para lograr esa legitimización no existe; al contrario, se genera desde la experiencia entendida como dominio técnico y oportuno tacto, que solo existe en un presente certero y propio, que guía la acción simultánea, en que muchas veces la intención es inconsciente, pero que logra el momento didáctico sin haberlo preparado. Eso es improvisación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario